jueves, 7 de febrero de 2013

marcas del corazón


Y estaba ella allí, de pie, sin necesidad de ayuda
sus muchos años habían pintado su rostro.
Ambas mirábamos a nuestras niñas jugar, resbalarse en la yerba, reír.
Mi niña y mis treinta y nueve años.
Sus biznietas y sus ochenta y seis.

Yo le miraba cautivada y no pude evitar buscarle unas palabras,
entonces me dijo con ojos humedecidos:
-Tengo hasta tataranietas, ahí donde usted me ve.
Pero hace seis años se fue mi viejito, todo dolor se puede olvidar, 
pero su partida me pone triste cada día y nunca dejo de pensarlo. 
Él se me adelantó, se fue....

Yo, recorrí mi vida, imaginando que así hubiera sido, con quien amé. 
Le hubiera amado toda la vida. 
Hubiéramos hecho miles de dibujos juntos, hubiéramos mirado miles de películas, 
no nos habrían alcanzado los días para descubrir música, 
para escucharle, para aprender de él.

Nuestras pequeñas seguían jugando, los ojos de luz de mi niña, me hicieron regresar a mí, 
a mi sueño de tenerla, de mirarla feliz, de verla crecer.

La ancianita partió, me dejó un pedacito de su corazón y se llevó un buen trozo del mío. 
Mi niña y yo seguimos caminando, con un abrazo, 
con la esperanza de algún día tener un amor que dure por siempre, 
de que el amor florezca, 
de que el miedo acabe...
lalico®

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