miércoles, 14 de enero de 2009

un delicioso baño





El polvo vino cada día posándose sobre estos tiernos personajes, el polvo no pide permiso para colarse por todo lado, como se cuelan muchas cosas en la vida. Pero todo tiene derecho a renovarse y a estos pequeños les llegó su turno. Cuando miré esta escena en el patio de la casa donde vivo no pude contenerme y les tomé una foto, qué divertidos se ven. Lo malo fue que la almohadita preferida donde duerme cada noche mi Clarita (regalo de Jose) demoró en secarse y tuve serios problemas por la noche, llantos inconsolables... el afecto a lo cotidiano se vuelve entrañable. Recordé que de niña tenía una almohadita sencilla, no tenía nada de especial, pero la amaba, tanto que mi mamá decidió esconderla porque no me movía a ningún lugar sin ella y lloraba si no la tenía cerca. Cuánto hubiera querido tener a esa almohadita siempre. Ahora ya han pasado miles de años de eso... la nostalgia me ha hecho derramar unas lagrimitas. Los niños son tan sabios, ojalá en el mundo nunca existan niños tristes.

Un delicioso baño al mundo le sentaría muy bien.

4 comentarios:

Eulalia Cornejo dijo...

de los niños y los seres puros es el paraíso.
Si ellos gobernaran, el mundo sería más bello.
Niño que habitas en mí no te me vayas nunca.

Ana Moya dijo...

Que tierno!! esta muy bonita esta foto

Eulalia Cornejo dijo...

Gracias Ana, son instantes que no se pueden perder. Las fotos nos brindan la permanencia del tiempo.

Abrazos,
lali

Kodama San dijo...

Ojalá nunca dejemos de ser niños entonces, ni cuando estemos llenos de canas y se nos caigan los dientes.
Qué lindo post :P